icen que La Romareda se cae a pedazos. Que es un escenario vetusto, del siglo pasado. Que se mantiene en pie de milagro. Y tienen razón. Pero también dicen que hay pocos estadios en el mundo con una acústica mejor que la del templo zaragocista. Ayer La Romareda, en el esperado derbi aragonés, volvió a sonar como en los viejos tiempos. Con ese eco de gargantas aragonesas que nada tiene que envidiarle a los mejores teatros futboleros del planeta. Con esa música que solo el fútbol es capaz de tocar. Sin dejar un gramo de fuerza en los pulmones. Solo otro sonido, el de la madera, el de los palos, evitó que la traca final fuera completa en una jornada de puro fútbol. El penalti errado por Álvaro Giménez y su remate previo al mismo poste evitaron que la afición zaragocista festejara por todo lo alto la noche previa al día del Pilar.

Crónica Real Zaragoza-SD Huesca: empate en el derbi aragonés (0-0)

A pesar del 0-0 final, La Romareda vibró, La Romareda disfrutó con el fútbol de verdad. Con el de la grada prácticamente llena, la bufanda al viento y el himno a capela que los más de 25.000 aficionados presentes ayer en el estadio entonaron antes de las alineaciones. Una foto que por repetida no deja de ser sorprendente y emocionante con el equipo en la zona baja de la tabla en Segunda División. Pocos clubes del mundo –quizá ninguno en la situación deportiva del Real Zaragoza– pueden presumir de una hinchada así.

Antes del encuentro, el recibimiento de la afición zaragocista fue colosal, digno de una gran final. Para algunos de los más pequeños, la de anoche fue su primera vez en casa. Ataviados con la camiseta blanquilla y la bufanda al cuello, muchos padres aprovecharon las fechas festivas y el ambiente pilarista para introducir a sus hijos en esa religión de fe ciega que es el zaragocismo. “Lo bueno de ser del Real Zaragoza –decía un aficionado–, es que aunque llevemos nueve años en Segunda División nos pegamos el gustazo de seguir disfrutando del fútbol de Primera”. Porque el día de ayer fue, efectivamente, de Primera. De tarde-noche de fútbol grande. Como en la eliminatoria de Copa del Rey ante el Real Madrid, como en los ‘play off’ ante el Numancia o Las Palmas y como en otras tantas y tantas tardes de esta última década, el zaragocismo demostró que su pasión y su fidelidad por el escudo está por encima de las categorías y las clasificaciones.

Las aficiones del Real Zaragoza y la SD Huesa se dan la mano antes del derbi

La Sociedad Deportiva Huesca también estuvo bien representada en las gradas de La Romareda, con medio millar de aficionados repartidos por el estadio, aunque la mayoría concentrados en el córner del Fondo Sur. Su apoyo durante los 90 minutos del encuentro también fue constante y se hicieron notar a pesar de estar en evidente minoría.

Cordialidad en el palco

En el palco, ambos clubes también estuvieron arropados institucionalmente. Jorge Azcón y Luis Felipe, alcaldes de Zaragoza y Huesca respectivamente, tampoco se perdieron un partido en el que estuvieron presentes, entre otros, Felipe Faci, consejero de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón o Cristina García, concejala de Deportes del Ayuntamiento de Zaragoza. Antes del encuentro, al mediodía, ambas directivas compartieron una comida marcada por la cordialidad y el buen ambiente. Javier Lambán, presidente de Aragón, fue el anfitrión de la reunión entre los representantes institucionales de ambos clubes, que se celebró en el restaurante Aura de la capital zaragozana.

Por parte de los zaragocistas, estuvieron presentes el presidente Christian Lapetra, el vicepresidente Fernando Sainz de Varanda, el presidente de la Fundación Zaragoza 2032, Fernando de Yarza Mompeón, y el consejero delegado Luis Blasco. Desde Huesca, se unieron a la comida de directivas Manolo Torres, consejero delegado, Josete Ortas, director general, y los consejero Alberto Larraz y Fernando Callizo.

Noticia extraída de HERALDO DE ARAGÓN y compartida a través de tu magazine deportivo Don Gols