Las Finales de la NBA alzan el telón en una ciudad maldita para los dioses del baloncesto durante muchos años, con dos equipos considerados menores por el gran público comandados por dos estrellas que siempre están bajo sospecha por su capacidad de liderazgo y su rendimiento a la hora de la verdad. Sospechas que han quedado disipadas en una de las temporadas más inciertas de la historia de una liga que acabará coronando a un campeón inédito en los últimos 50 años.

Phoenix nunca ha logrado hacerse con el título. El equipo de Arizona ha llegado en dos ocasiones hasta el penúltimo escalón, pero no ha conseguido cruzar la frontera hasta la gloria final que es el anillo. En 1976 el equipo de Phoenix cayó en seis partidos frente a los Celtics de un JoJo White del que los Suns pasaron en el draft de 1970 para hacerse con un Neal Walk que nunca llegó al nivel de estrella.

En su segundo intento por alcanzar la joya más preciada de la NBA, los Suns se chocaron con un muro infranqueable en forma de uno de los mejores equipos de la historia. En 1993, con un Charles Barkley en estado de gracia, los de Arizona se encontraron con los Chicago Bulls de Michael Jordan y Scottie Pippen que enterraron las esperanzas de los aficionados de Phoenix en seis partidos consiguiendo el tercer título consecutivo para la franquicia de Illinois. Eso ocurrió hace ya 28 años. Desde entonces los Suns han caído presa de su propia maldición y han tenido que ver las Finales por la televisión pese a los intentos infructuosos de Nash, Stoudemire y compañía al comienzo del siglo.

50 años de espera para los Bucks

Si la espera ha sido larga para los Suns, para los Bucks se ha hecho eterna. La franquicia de Milwaukee ha tenido que esperar 47 años para volver a pisar unas Finales de la NBA, aunque en su caso de sus dos viajes uno de ellos sí terminó en la parada esperada. La franquicia de Wisconsin sí sabe lo que es ganar el cotizado anillo. Aunque fue hace 50 años. Su único título llegó en una brillante serie frente a los Bullets, que terminó con un 4-0 gracias a un espectacular Kareem Abdul-Jabbar. Una figura clave para entender el porvenir de ambas franquicias ya que una moneda al aire decidió que su destino era Milwaukee y no Phoenix.

Ahora estas dos franquicias, nacidas ambas en 1968, tienen la oportunidad de reclamar su sitio entre la élite de una NBA que no contaba con ninguno de ellos para hacerse con el anillo al comienzo de la temporada. De hecho, el 31 de enero el algoritmo de FiveThirtyEight’s RAPTOR daba un 10% a los Bucks de ganar el anillo, mientras que los Suns apenas contaban con un 1%.

Paul vs Antetokounmpo, un duelo inesperado

Hoy, estas dos franquicias ignoradas en las quinielas del comienzo de curso, comienzan la lucha por un anillo. Una batalla que estará marcada por el estado de la rodilla de un Antetokounmpo que por fin ha alcanzado su gran desafío. Tras dos temporadas reinando en la NBA a nivel individual, las dudas se cernían sobre el griego y su verdadera capacidad de liderazgo. En esta ocasión el alero ha dejado aparcadas sus estadísticas personales para lucir la palabra equipo en toda su magnitud. Y parece que ese es el camino en un conjunto que llega a la final de la NBA sin un jugador elegido en el top 10 del draft. Un dato curioso, pero que demuestra que las estrellas brillan más cuando lo hacen en conjunto.

Ahora ese equipo tendrá que volver a lucir. Al menos en el primer partido si se confirma la baja del jugador griego por sus problemas en la rodilla. Una duda que no se solventará hasta el último minuto como declaró su entrenador: “Es algo que va día a día. Daremos nueva información cuando sea apropiado. Las conversaciones con él son privadas y ya veremos cómo está cada día. Él es gran parte de eso pero si tiene que estar en el banquillo por la razón que sea, tenemos que ser capaces de jugar, necesitamos jugadores con confianza”.

Enfrente, otro equipo en el sentido más amplio de la palabra. Unos Suns que han encontrado el rumbo de la mano de uno de los mejores timoneles de la historia de la NBA. Un Chris Paul al que el reconocimiento le llega en el ‘rush’ final de su carrera, cuando muchos ya ponían en tela de juicio su legado como uno de los mejores bases de todos los tiempos que ahora tiene la oportunidad de quedar para siempre en la retina de los aficionados más reticentes.