Su sonrisa, aunque parezca imposible, era aún más amplia de lo habitual cuando recibió en el escenario del Teatro Campoamor de Oviedo el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2021. Ni la mascarilla negra que llevaba podía ocultarla del todo. Teresa Perales, la española más laureada en Juegos con 27 medallas paralímpicas y 90 en total sumando las de Mundiales y Europeos, era consciente de que estaba derribando otra barrera más para el deporte paralímpico y, en este caso, no sólo español. Por primera vez en sus 35 ediciones, una deportista paralímpica recibe este galardón y no podía ser otra más que ella. Llevaba años soñando con este momento. En 2013 se quedó a un voto de Olazábal, esta vez ni siquiera sabía que estaba nominada. “Es el premio en mayúsculas”, decía emocionada el día que le comunicaron la noticia.

“¡Quien me iba a decir en 1995 cuando oí las palabras “no vas a volver a andar” que el camino que iba a recorrer con mi silla me iba a llevar hasta aquí! Desde luego, nunca me lo iba a decir la vecina del barrio que, cuando por fin me decidí a superar mis miedos y vergüenzas, a asumir lo que me pasaba y salir a la calle, nos paró a mi madre y a mí. Probablemente con la mejor intención del mundo se volvió a mi madre y, como si yo no existiera, le dijo: “Pobrecita niña ¿qué le ha pasado?”. En un segundo y una mirada, había dejado de ser la niña del tercero para ser la “pobrecita hija de Sebi”, comenzó un emotivo discurso que salió de lo más profundo de su corazón.

La nadadora maña llevaba días preparándolo, aunque tenía las ideas bastante claras desde el principio y sabía que iba a ir dedicado a su madre. “Ella siempre tuvo la certeza de que tenía un sitio al que llegar, que no me iba a quedar siempre bajo la protección que me daban sus alas. Siempre ha estado a mi lado. Nunca me dijo: “no puedes, no debes, no sigas, no lo lograrás”“, confesó. Y esa fue la clave para que ella nunca se rindiese por difícil que fuese el reto u obstáculo en el camino.

Difícil resumir en tan sólo dos minutos una vida y en un escenario tan imponente como el Teatro Campoamor y ante la atenta mirada de los Reyes, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. La emoción era inmensa. “Mira qué he subido a podios pero esto… Lo había visto muchas veces por la tele pero lo supera todo. staba muy emocionada y hasta temblando”, reconoció después. Su emoción se la transmitió a todos, en especial a Sebi, presente en el teatro, fiel seguidora cada año de los Premios desde el televisor, y uno de sus principales pilares desde que con 19 años una neuropatía la privó de la movilidad en las piernas.

“Mamá leona”, como Teresa la llama, sacó adelante a sus dos hijos después de quedarse viuda con tan sólo 41 años. De ella aprendió su capacidad de lucha y de su padre, además de heredar la sonrisa, que en esta vida hay que esforzarse para conseguir los objetivos que te propongas. Hoy su primer pensamiento al desfilar por la alfombra azul ha sido para él, al que tanto echa de menos desde que falleció cuando Perales tenía sólo 15 años. Pero la madre de Teresa no estaba sola en el Campoamor. La acompañaban el marido de Teresa, Mariano; su hijo Nano; David, su hermano, su tía y Laureano Gil, seleccionador nacional de natación paralímpica de la FEDDF. Teresa no quiso que faltase. Se conocen desde hace 24 años y siempre ha creído en ella.

Nunca se acostumbró ni llevó bien las miradas de lástima y compasión. Gracias al deporte, aquellas miradas son de admiración y reconocimiento en la actualidad. Hoy, de hecho, las de todo el Teatro Campoamor no veían a una persona con discapacidad sino a una campeona sin límites. A alguien con un carisma arrollador, una humildad tan grande como su grandeza (y no sólo deportiva) y un ser humano tan extraordinario como su palmarés deportivo.

Un orgullo para España y un ejemplo

Precisamente su palmarés fue destacado por Felipe VI en su discurso, así como su actitud ante la vida. “Teresa Perales es una grande. Es esforzada, valiente, admirable. Su tesón y su lucha continua por el triunfo son paradigma de lo que realmente significa ser deportista y competir; de ese espíritu ambicioso y generoso que el deporte encarna cuando se practica con entrega, intensidad y excelencia”, dijo el Rey.

Es también un orgullo para España y todo un ejemplo de superación, venciendo todas las dificultades, las lesiones, la enfermedad y siempre con confianza en sí misma y con enorme fuerza de voluntad. Y es un ejemplo también para millones de personas y de familias que ven posible la inclusión laboral y social de las personas con discapacidad. Esa inclusión es mucho más que un concepto y una legítima aspiración: gracias a la actitud y al esfuerzo de personas como ella se convierte en una realidad llena de esperanza. Perales es una de las deportistas más destacadas de España, un éxito que hoy, con su permiso, hacemos también un poco nuestro. Gracias, Teresa, por tu entrega y entusiasmo”, añadió.

La Princesa Leonor también elogió a la nadadora paralímpica. “Os felicito y admiro a todos. A Teresa Perales por su fuerza, determinación y constancia“, destacó la durante su discurso.

Abonada al podio paralímpico

Desde su debut en Sidney 2000, ha participado en seis ediciones de Juegos Paralímpicos y en todos ha subido al podio. Incluso en Tokio, donde logró una milagrosa plata en 50 espalda pese a estar lesionada de un hombro. Aquellos Juegos acabaron de forma amarga con ella ingresada en un hospital por crisis convulsivas espásticas. Sin embargo, pese a que pasó más de 21 días entre hospitales japoneses y españoles, Perales siempre se queda con lo bueno. Se queda con aquella medalla que reflejaba, una vez más, que para ella no hay imposibles. Un mes ants tenía el brazo en cabestrillo.

“Quiero aprovechar este altavoz para decir a los niños y a los no tan niños que no hay que esperar a que alguien nos diga lo que va a pasar o lo que debemos hacer. Hay que pensarlo o soñarlo. Decide tú lo que quieres e ir a por ello. Con decisión. Sin dejar que los obstáculos te impidan, al menos, intentarlo. Y en el camino, rodearnos de gente, de amigos, de personas que nos digan siempre como mi madre “aquí estoy para ayudarte”. Así, aunque el destino sea distinto al imaginado, el viaje habrá merecido la pena“, dijo.

Su viaje, desde luego, lo ha merecido y en él Teresa Perales ha convertido a la silla de ruedas en su mejor compañera. Donde otros ven en ella un obstáculo para vivir una vida plena, la leyenda maña vio hace años una forma de llegar a todas partes. Y no sólo físicamente. Porque como a ella le gusta decir: “Llevo la silla pegada al culo, no a la cabeza”.

“La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de la voluntad indomable”, dijo Mahatma Gandhi. Esa frase aparece en su libro ‘Mi vida sobre ruedas’ porque a Teresa, que nunca pierde la sonrisa por muy grandes que sean los obstáculos, nadie le gana en voluntad, pocos le ganan en el agua y nadie le gana como persona excepcional.

Noticia extraída de MARCA y compartida a través de tu magazine deportivo Don Gols