“Olé, olé, olé, Vale, Vale”. El grito retumbaba por todo el garaje del Petronas Yamaha en el circuito Ricardo Tormo. Nunca un adiós, una despedida, un momento que para algunos es triste, era una fiesta por todo lo alto. Allí llovía el prosecco, sus mecánicos proferían gritos y se abrazaban con varios pilotos de la Academia, que se iban uniendo al festejo. Stefano Manzi se dejaba las manos golpeando las paredes para armar más ruido, Andrea Migno grababa todo con el móvil y no paraba de hacer fotos, Celestino Vietti parecía recién salido de la ducha, pero oliendo a champán. El mismo con el que Niccoló Antonelli bañó a Uccio en plena conexión en directo con Sky, la televisión italiana.

Para más gusto, hasta pudieron cantar el ‘Fratelli d’Italia’, el himno, porque otro pupilo, el más aventajado, Pecco Bagnaia, había ganado la carrera. “Quería darle las gracias a Valentino, hacerle este regalo por toda su trayectoria, por todo lo que ha hecho”, soltaba el turinés que lideró el triplete histórico de Ducati, el primero de su historia.

Había hasta varias camisetas: los del Petronas, con una negra con la inscripción “Terima Kasih Vale” (Gracias Vale en malasio), los de Yamaha, con una amarilla con ‘Forever 46’ y los de su club de fans con otra negra con la fecha: ‘Valencia, 14+11+21, 46’. Varios llevaban la ya clásica, de Misano, con el ‘Grazie Vale’.

Cambiaron Maradona por Valentino

Otra canción resonaba. Era una versión de la que cantaban en Nápoles a Diego Armando Maradona. Decía: ‘Oh, mamma, ho visto Maradona, ho visto Maradona, innamorato sono’ (Oh, mamá, he visto a Maradona y me he enamorado). Cambiaban el Maradona por Valentino.

Por el garaje pasaban miembros de otros equipos, como Fonsi Nieto, ‘coach’ (asistente en pista) del Pramac Ducati, que se unía a Pablo y Gelete Nieto, que trabajan para VR46. O Davide Tardozzi (Ducati), Lorenzo Baldasarri (MV Agusta)… Hasta Carmelo Ezpeleta y su hijo Carlos se pasaron allí.

Por supuesto, estaban los suyos, Uccio, con lágrimas en los ojos, pero alzando el puño al aire con cada canción, Francesca, su pareja, Alberto Tebaldi, Carlo Casabianca, Max, su asistente, con una cinta a lo Rambo… en fin la que él llamó ‘La tribu dei chihuahua’. Gritos, chillidos, bromas, sonrisas y juerga. Es lo que Vale quería y así fue.

Antes, todo el circuito fue un homenaje continuo durante tres días. Hubo 75.000 espectadores y la mayoría iba de amarillo. Los pilotos se despidieron de él, que acabó décimo y emocionado. Los comisarios y los mecánicos se agolpaban para que los chocara la mano. Una vuelta de honor que no olvidará con la famosa traca de fondo. Como el precioso mural con su imagen, o ‘Las nueve maravillas’ (sus motos campeonas), o el muro donde medio ‘paddock’ dejó su mensaje. ‘Chè spettacolo’ (Qué espectáculo) de fiesta.